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Cinco preguntas que hacerte antes de ‘postear’ algo en redes sociales

preguntas antes de postear

A menudo compartir algo en Facebook, Twitter o Instagram, no es lo más conveniente. Algunos consejos.
Para muchos jóvenes y no tan jóvenes, las redes sociales ya forman parte del día a día. Pensamientos en un momento concreto, una situación especial, el vídeo de una canción que me gusta, una foto con amigos, etc. Todo puede acabar publicado en alguno de nuestros perfiles en Facebook, Twitter, Instagram, Tuenti, Tumblr, Pinterest… ¿Pero cómo saber si lo que estamos a punto de ‘postear’ va hacer algún bien?
 Cara Joyner da algunas pistas en un artículo en la revista estadounidense Relevant (en inglés). Propone tomarse 30 segundos para hacerse 5 preguntas. Según la respuesta que demos, veremos si tiene sentido darle al botón de “postear” o si es mejor desconectarse o dejar a un lado el móvil. Reproducimos algunas de sus recomendaciones.
REDES SOCIALES: NO HAY NORMAS En general, exceptuando los contenidos claramente ofensivos, las redes sociales son un lugar libre de normas, donde se puede interactuar con el resto de la sociedad en base a un nivel relativamente bajo de responsabilidad por lo que vayamos a decir. Así que esto nos lleva a que cada uno de nosotros tenga que determinar cuáles son nuestros propios límites a la hora de navegar a través de lo que parecen “oportunidades infinitas” a nuestro alcance.
1. ¿ESTOY BUSCANDO APROBACIÓN? “Cuando busco la validación mediante algo que subo a las redes sociales, y empiezan a llegar las notificaciones cada vez que una persona me está dando su atención (un ‘me gusta’, un ‘retweet’…), esto puede convertirse en una recompensa adictiva. Qué además funciona: me siento mejor, así que vuelvo a por más. La próxima vez que necesite sentirme aprobado/a, volveré a la fuente que me dio esa aprobación la última vez, y lo que en psicología se llama “el círculo del refuerzo” continuará.
¿Cuáles son las necesidades más de fondo que necesitan ser cubiertas aquí? A lo mejor es un deseo de comunidad. O a lo mejor tiene que ver con un conflicto no resuelto con alguien a quien quiero. O a lo mejor simplemente estoy intentando agradar a la gente y escuchar sus reacciones a mí. Si tu interacción en internet está motivada por una necesidad de aprobación, ¡considera maneras más sanas que las redes sociales de tratar este tema!
2. ¿ESTOY PRESUMIENDO DE ALGO? Por un lado, está la emoción de compartir algo, y por otro, el alardear. Cuando el apóstol Pablo describía lo que significa amar a otros, mencionó específicamente que el amor no se jacta. Un post que subamos a las redes sociales no es ‘sólo una foto’ o ‘sólo un tweet’, sino que es una oportunidad para amar a otros de una forma que refleje a Jesús. O por el contrario, es una oportunidad de mostrarles algo muy diferente, que no se parece nada a Jesús.
3. ¿ESTOY DISGUSTADO POR ALGO? ¿Estoy buscando encontrar algo ‘mejor’? Si es así, apártate del móvil o el ordenador. Nada que leas, escribas o veas va a solucionar esto. Pregúntate por qué estás descontento y enfrenta esas necesidades. Cuando vemos las redes sociales desde una lente de descontentamiento cualquier cosa que encontremos estará teñida de amargura y desagradecimiento. Las vidas de otros empezarán a parecer más brillantes que las nuestras, mientras que parece como que la nuestra toma una sensación de insuficiencia.
Si nos somos capaces de ver que las vidas de otras personas tienen tanto de normalidad como la nuestra, entonces es mejor desactivar tu cuenta por unos meses. Crea espacio para reevaluar y buscar respuestas en sitios en los que realmente puedes encontrarlas. Deja de pedirle al mundo virtual que te ayude a resolver la desafección que experimentas en el mundo real.
4. ¿ES ESTE UN MOMENTO QUE DEBA PROTEGER?
 Cuando mi hijo gatea hacia mí por primera vez, probablemente no lo esté haciendo porque quiere que le saque una foto y la mande a todo el mundo a través de Facebook. Le da completamente igual quién más cree que tengo un hijo precioso. Él solo quiere que lo tome en brazos y le mire y me concentre en él.
Cuando interrumpimos la comida con un amigo sólo para algo que acaba de decir en nuestro Twitter, estamos invitando a cientos de personas a una conversación que podría haber sido sagrada, y nos perdemos las memorias que sus palabras podrían haber creado si se hubieran quedado sólo entre nosotros dos.
No es necesario que todos los momentos especiales sean compartidos en las redes sociales. De hecho, algunos de los mejores momentos que vivamos se disfrutan mejor de forma totalmente privada.
Si pausamos el momento presente solo por intentar captar en 140 caracteres la belleza de este momento, estamos sacrificando nuestra experiencia personal. También nos robamos el uno al otro algo que en el mundo digital se ha perdido: el mantener algunas memorias simplemente entre tú y Dios”.
5. ¿ES LO QUE VOY A POSTEAR ALGO AMABLE? Volvamos a Pablo: “El amor es paciente, el amor es beningo”. Nuestra cultura nos dice que es nuestro derecho el comentar sobre cualquier cosa, sin tener en cuenta si era algo dirigido a nosotros o si nuestro comentario puede afectar a otros.
Hemos sustituido la confrontación cara a cara por comentarios sacrásticos o ‘memes’ de burla. Escribimos ‘tweets’ humillantes dirigidos a famosos o criticamos abiertamente personas a las que nunca hemos conocido. Escondiéndonos detrás de la conveniencia de que estas personas no pueden defenderse directamente y que, en nuestro caso, nadie está poniendo nuestras propias vidas personales a la vista de la crítica pública.
Con las redes sociales, se nos da un espacio cubierto, desde el cual podemos lanzar granadas, sin ni siquiera hacernos responsables por el peso de nuestras palabras, el efecto que tienen sobre otras personas y cómo eso les llevará a pensar sobre la iglesia. Jesús dijo que el mundo nos reconocería por nuestro amor. ¿Qué mensajes estamos enviando?
UN CAMINO MEJOR Las redes sociales parecen estar construidas alrededor de la idea que dice que pueden “infiltrar” casi cualquier parte de nuestras vidas. Y si dejamos que sea así, es será exactamente lo que hagan. Somos nosotros mismos los que tenemos que decidir cuando ha llegado el límite de los que es sano.
Cuando éramos niños, los padres ponían normas para nuestra protección, y como adultos, se convierte en nuestra tarea el preocuparnos por nuestro bienestar y nuestro crecimiento. Es nuestro trabajo el poner límites y hacernos preguntas difíciles, mirando cómo están funcionando nuestras relaciones personales y de qué forma nuestras acciones reflejan el amor de Cristo por el mundo.
No sirve de nada preguntarnos estas preguntas o estos criterios para interpretar las intenciones o evaluar a otros. No podemos conocer sus corazones más de lo que podemos intentar llegar a entender el nuestro.
Hagamos una pausa y démonos un momento honesto de reflexión, llevando discernimiento, amor y sabiduría a cada palabra o imagen que compartamos.

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