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Entrevista a Danilo Montero acerca de sus Composición (Primera Parte)

Una entrevista a Danilo Montero, un reconocido director de adoración al que se le atribuye haber contribuido a la restauración de la alabanza y adoración en Latinoamérica.

 

Hasta el día de hoy ha grabado una decena de discos de música que han impactado el continente, entre los más destacados: Admirable (1997), Eres Todopoderoso (1999), Sígueme (2002), Fortaleza (2003) y Tu amor, con el que ganó un Premio Billboard en 2008. Ha escrito los libros El Abrazo del Padre y Generación de Adoradores. Éste último junto a Lucas Leys y Emmanuel Espinoza. Danilo está casado con Gloriana Díaz y actualmente forma parte del equipo pastoral de Iglesia Lakewood en EE.UU., donde Marcos Witt es pastor. Recientemente lanzó su nueva producción musical, Devoción,bajo el sello Integrity Music. Una conversación a las 12:30 p.m. vía Skype.

Hola Danilo, gracias por permitirme conversar contigo. La razón de esta entrevista es escarbar en esa faceta un tanto desconocida de Danilo Montero, la de compositor. Por eso quiero remontarme a dos canciones con las que yo me di cuenta que tú además de ser cantante… componías. Me refiero a “Cara a Cara” que grabaste hace varios años con Sígueme, y a “¿A Quién Tengo Yo Si No a Ti?” del disco Te Anhelo de Marcos Witt. ¿Cómo fue que las escribiste?

Fíjate que ambas canciones son prácticamente de mi tiempo previo a ser más conocido. Estoy hablando de los años´80s. Una de las que tú mencionas es la favorita de toda mi vida y que no he cantado en décadas después de que Marcos la grabó. Me refiero a “¿A Quién Tengo Yo Si No a Ti?”, que está basada en el Salmo 73. Realmente, la canción data de mis tiempos de avivamiento personal, donde en la universidad tuve un encuentro con Dios que abrió mi vida a la adoración. Como resultado de esa vivencia formé una banda con la que comenzamos a ministrar al Señor en diversos lugares.

Resulta que en un retiro que organizamos con la banda fuimos a una montaña al norte de San José, en Costa Rica. Mientras estábamos allí, una tarde decidimos pasar tiempo a solas en oración cada uno de los que fuimos. Cuando estábamos orando, uno de ellos, Jhonny Jiménez, estaba tocando su guitarra en la habitación de la par. Y bueno, siendo que el Salmo 73 es un Salmo muy especial para mí, comencé a cantar en el Espíritu, porque así fue, yo no tenía una letra específica y curiosamente al otro lado de la habitación, mientras Jhonny tocaba, ambos comenzamos a seguir una melodía, ¡sin planificarlo! Yo simplemente me uní a las progresiones que él tocaba y él a la melodía que yo improvisaba, pero cada quien en su respectiva habitación.

¿No se habían puesto de acuerdo?

No, fue una cosa muy espontánea. Simplemente llegó un momento en el que dejé de improvisar y me puse de acuerdo con la armonía de Jhonny y él con mi melodía. Fue una cosa muy especial. Cuando nos percatamos de lo que sucedía nos juntamos en la sala del lugar de retiro, continuamos tarareando la canción y le puse la letra del salmo de Asaf. Eventualmente le dimos un poco más de forma, revisamos la estructura y la escribimos. Por muchos años esa canción formó parte del repertorio de Sígueme. Fue una experiencia que nos impactó mucho y la canción fue de gran impacto a la gente.

Con el tiempo yo empecé a visitar México — porque Marcos Witt me invitaba a sus congresos — y en una ocasión me escuchó cantar la canción con una pista. Se enamoró de ella y la grabó en el disco Te Anhelo.

Algo similar pasó con la canción “Cara a Cara”, que habla sobre la experiencia de Moisés en el monte y cómo contestó al llamado del Señor de subir. Como tú sabes, como recompensa a su obediencia de subir, Dios vino y le reveló su nombre. A mí siempre me ha impactado ese encuentro. Es más, yo he llegado a considerar que nuestros devocionales no deberían ser simples devocionales sino verdaderos encuentros con Dios. Porque lo que marca una vida transformada es que Dios nos explique a solas quién es él.

Un día yo estaba en mi habitación adorando al Señor y pensando en este concepto que te acabo de compartir, y mientras oraba comencé a tararear una melodía. No es que me senté a componer, sino que muchos de mis tiempos de adoración eran así, yo inventaba muchas canciones espontáneas para Dios. Lo que pasó con “Cara a Cara” es que esa vez sí quise salir de mi tiempo con Dios con una canción que resumiera el encuentro de Dios con Moisés. Poco a poco fui estructurándola y la grabé en mi casa. Eventualmente la metimos en un proyecto que titulamos igual que la canción: Cara a Cara. El proyecto lo grabamos en México y se distribuyó solamente en México, Argentina y claro, en Costa Rica.

¿Después de estas experiencias seguiste componiendo? Te lo pregunto porque percibo que la gente te conoce más como intérprete que como compositor…

Es que es así Noel, yo siempre he interpretado canciones de otras personas. Prácticamente, dejé lo de componer a un lado y no traté de venir con canciones estructuradas para grabarlas. Mi dinámica ha sido otra. Dios me inspiraba canciones espontáneas para compartirle un mensaje a la gente. Durante los años ´90s fue algo muy fuerte en mi vida, eso que en el mundo Pentecostal conocemos como palabras de conocimiento o de ciencia y que Dios da para hablarles a otros sobre situaciones específicas. Esa fue una dimensión profética de cánticos espontáneos donde mi hermana, que me acompañaba en aquel entonces, y yo nos desenvolvimos muchas veces durante mucho tiempo.

Cuando yo entré en relación con CanZion pues ellos tenían una afluencia de compositores y de canciones que Dios les estaba dando, y bueno, esa afluencia vino a tomar un lugar muy importante en el repertorio que yo utilizaba en los conciertos. Por eso, a partir del disco Admirable, comencé cantar más y más canciones que otros componían.

Pero aun con eso tú continuaste fluyendo en cánticos espontáneos tanto en privado como en público, ¿verdad? Es que siempre he notado esa marca cuando te he visto ministrar…

Así es, en mis conciertos aún puedes encontrar espacios donde yo improviso canciones que le doy a Dios o alguna canción que contiene algún mensaje hacia la gente. Creo que lo que pasó conmigo es que no me preocupé de tratar de componer como todos sino que me fui más por el lado de los cantos espontáneos. La verdad es que estos cánticos han sido muchísimos a lo largo del tiempo. Fluí así tanto en mi iglesia local donde ministré por 11 años como en los conciertos donde he ministrado por más de 20 años. Muchas veces mi equipo grabó algunas de esas canciones y otras veces las iglesias en donde estuve. Pero yo nunca me preocupé de recopilarlas y partir de ellas para comenzar a construir canciones. No sé si decirlo así: quizá no fui cuidadoso de recopilarlas y tratar de construir sobre ellas. Simplemente no lo hice.

Fíjate que yo he tenido muchas personas a mi alrededor que siempre me han animado a componer. Coalo Zamorano es una de ellas, que por cierto es el productor de mi nuevo disco Devoción. También mi esposa me ha animado a hacerlo y otros amigos. Por ejemplo, Fernando Solares, que es un extraordinario compositor y que cuando trabajamos juntos me animaba mucho a escribir. Aunque no tengo mérito en lo que Fernando compuso, mucho de lo que él escribió eran pensamientos que tomaba de mi cuando viajábamos. Un caso bien particular es la canción “En Tu Abrazo” basado en mi prédica El Abrazo del Padre. Recuerdo que él siempre me decía: “Mira, escribí esto después de lo que tú compartiste anoche”. Cuando oía eso yo me sorprendía. Yo le daba mis opiniones y así fue que grabamos los discos Sígueme y Fortaleza.

Es hasta el disco Eres Tú, de la serie Adoración Viva, que grabamos en Puerto Rico, donde yo le pedí a mi equipo que captáramos esos cánticos espontáneos y los dejáramos dentro de las grabaciones. Por ejemplo, algo que pasó con la primera canción “Porque Para Siempre”, fue que nació de una improvisación que yo hice mientras ministraba en un estadio. Habíamos terminado de cantar una canción del repertorio y de pronto comencé a compartir el mensaje de 2 Crónicas 20 donde Josafat pelea contra un ejército más fuerte que él. En lugar de predicar comencé a cantar el mensaje. Todo ese momento quedó grabado. Cuando regresé a Orlando, aquí en EE.UU., se lo di a Josué Ramos, nuestro productor de ese entonces, y le dije: “Quiero que trabajes esta canción”. Él le hizo unos cambios, afinamos las estructuras y esa fue una canción que nació de un momento espontáneo.

Hablando de la serie Adoración Viva, de los discos Eres Tú y Tu Amor, en ambos está lo que tú acabas de decir: capturaron ciertos cánticos espontáneos y los dejaron dentro de la grabación. Mi pregunta es ¿hasta qué punto los cantos espontáneos fueron planificados? ¿Hubo algún grado de preparación que ustedes desarrollaron para poder plasmar lo que al final quedó?

Los cantos de los que hablas son totalmente espontáneos; sin embargo, debo decirte que mi pianista y los músicos de la banda tienen progresiones estudiadas y que les gusta usar en ciertos momentos. Algunas de esas progresiones están allí, digamos en: “Eres Tú”. Lo que pasa es que se necesita una base sobre la cual improvisar. Por eso ellos se preocupan de preparar una serie de acordes con los que yo me sienta cómodo y que apelen a mi corazón para adorar al Señor. Esto es algo muy bueno y que todo grupo debería procurar tener.

Fíjate, nosotros tenemos amigos que consideramos pioneros en esto y a través del tiempo nos han compartido algunas progresiones que han utilizado a lo largo de los años. Pienso que una persona que tiene un buen conocimiento de armonía y gusto musical podría comenzar a improvisar a solas y reunir ciertos acordes que son hermosos y que comunican, digamos: la dulzura de la presencia de Dios. Esos acordes que escucha le pueden ayudar a interpretar algo espontáneamente. Practicar este tipo de ejercicios te permiten dibujar diversas imágenes y emociones cuando estás adorando a Dios.

¿No sentiste alguna clase de presión por los cánticos espontáneos que esperaban que surgieran? Digamos: que realmente fueran impactantes. ¿O ibas con la total libertad de que si salía algo… bien, y si no, también?

Experimentamos un elemento de total libertad como el que acabas de describir. Hay un espacio que en términos de concepto del disco siempre planificamos con los músicos, donde evaluamos en qué parte del repertorio pueden haber momentos de música y de quietud. Al final, nosotros establecemos dónde va a ser ese espacio. Por ejemplo, en mi último disco Devoción, que sé que ya vamos a hablar de él, yo le pedí a Coalo: “Déjame espacios detrás de tal y tal canción porque yo entiendo y siento que al llegar a ellas la gente va a querer disfrutar la presencia de Dios”. Le pedí que se quedara en el mismo tono y esperara. Claro, como podía surgir algo espontáneo podía ser que no. Lo importante es no forzar las cosas porque eso sería terrible. No es cuestión de improvisar por improvisar, hacer eso sería un crimen. Tú tienes que tener mucho cuidado con eso. Pero sí, le pedí espacios para cánticos nuevos que francamente luego podríamos decidir si los dejábamos dentro de la grabación o no.

Fíjate que cuando grabamos “Eres Tú”, en Puerto Rico, teníamos varias horas de grabación y al regresar Josué Ramos me dijo: “Vamos a tener un arduo trabajo con todo lo que tenemos”. Por ejemplo, él terminó editando un tiempo de ministración espontánea de una hora y lo resumió en diez minutos aproximadamente. Claro, hubo criterios musicales e incluso espirituales que yo tenía en mente, donde le pedí que no sacrificáramos el sentir de todo lo que se hizo. Me acuerdo que cuando Josué evaluó todo me dijo: “Este segmento es el mejor momento, donde todo lo que se dice tiene una sola dirección. No mensajes a varias personas sino uno solo que podemos encapsular en pocos minutos. Es hermoso y la presencia de Dios está allí”.

Cuando llegué al estudio y vimos el producto final yo lloré, también Josué estaba llorando. Sabíamos que lo que estábamos escuchando no era algo que podía hacer yo sino el Espíritu Santo que ocasionaba un tremendo impacto.

Continúa…

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